RELATO CORTO. VIAJE A ESTRASBURGO.

Estaba apoyado en la madera de un antiguo puente que cruzaba el río Aar en Estrasburgo, cuando Jean Cloud se me acercó y me dijo al oído en perfecto español.
- Eres un farsante, sabemos que no perteneces al grupo que ha venido de visita a Francia. Sabemos que eres un puto socialista que quieres venir a difundir la revolución en mi país y acabar con nuestra gloriosa república.
- ¿Qué?, dije con voz entrecortada mientras miraba con miedo el rostro barbudo de Jean Cloud.
- Lo que oyes español hijo de puta, y como se te ocurra decir algo te metemos en una jaula y te ahogamos en este río francés tan bonito que tienes bajo tu culo. Que sepas que te estoy vigilando.
El resto del grupo, del cual me había separado brevemente se iba acercando. Hablaban de salir esa noche por Estrasburgo y conocer su noche. Se puso a mi lado Pilar, y entre sonrisas me dijo que le estaba impresionando mi don de lenguas, que me había visto de lejos hablar con Jean Cloud, el chofer del autobús que nos habían asignado. Mi mirada tuvo que ser de verdadero pánico porque ella me pregunto enseguida que si me encontarba bien.
- ¿Puedo confiar en ti? – pregunté.
- Claro que si….¿qué ocurre? .
- Este fulano…el Jean Cloud. Creo que se ha vuelto loco.
- Tú si que estás loco Jose, no ves que es un buen hombre que lo único que le preocupa es comer y comer.
- Ya me he fijado, pero veras, tengo una sospecha, este tipo debe ser de la inteligencia francesa o algo…me ha amenazado con no sé qué coño de no se qué revolución…
- Vamos a preguntárselo a los otros- dijo Pilar.
Los otros eran Agustín, Graci, Mario, Nicolás y Mirían, miembros como yo del partido y que también habían hecho el viaje. Disimuladamente y sin que nos vieran los demás, nos metimos en una cafetería muy coqueta que tenia en las ventanas colgada patucos de bebe hechos con ganchillo y que nos pareció muy acogedora. Allí, después de pedir varias cervezas de medio litro, pues en realidad, a ninguno de nosotros le apetecía tomar café, les expuse mi encontronazo con Jean Cloud. Todos rieron, y se llevaron las manos a la cabeza ante semejante tontería. Hicieron bromas con mi estado de embriaguez y siguieron riendo con la ocurrencia. Todos menos Nicolás. Nicolás me miro fijamente y me hizo un gesto como que fuera hacia el “toilette” con el. Se levantó sin decir nada ,y se fue directo al servicio que estaba bajando unas empinadas escaleras. Inmediatamente después, lo hice yo. Al bajar y entrar al servicio de “monsieurs”, no lo encontré, fue al rato cuando le vi asomar la cabeza detrás de la puerta de un water cerrado.
- ¡Pasa! –me dijo.
Pase con cierto acojone en el cuerpo, pues no conocía a Nicolás desde hacía mucho y lo tenia por un hombre mas bien tímido y esa intriga me desconcertaba. No obstante, y a pesar del temor, pasé y él cerro la puerta con el seguro.
- Te tengo que decir algo muy importante Jose-.
A esas alturas estaba dispuesto a bajarme los pantalones y aprovechando la coyuntura cagarme allí mismo, pero hice un gran esfuerzo y empece a escucharle.
- De ti depende el éxito de la misión.
¿Qué coño misión?, me preguntaba yo, que solo había ido de viaje a Estrasburgo para conocer las puñeteras instituciones europeas y de paso a beberme toda la cerveza Noé que encontrara fresquita, pero no dije nada.
- La misión que me encomendó Zapatero vía CNI.
Aquí casi me desmayo.
- Debemos meter un micrófono oculto en el parlamento y hemos filtrado a los servicios secretos portugueses que lo llevaríais en la maleta o bien, Pilar, o Miriam, o Graci o tú, y como los portugueses son unos degeneraos y sus servicios secretos tienen poco de profesionales se lo han contado a los servicios secretos franceses, y la misión consiste, en que ellos sigan confiando en esa grandisima mentira ideada por Zapatero y por su ministro Moratinos.
La virgen santa, Moratinos estaba en eso. Pense que si el ministro Moratinos se había metido en esa historia es que debía ser jodidamente importante así que, como buen español que soy, le di un abrazo al compañero Nicolás y le dije, casi con lagrimas en los ojos que contara conmigo, que jamas me imagine cuando salí de Piedrabuena que el mismísimo gobierno confiaría en mi semejante misión. Él se despidió y me confesó, que llevaba mucho tiempo dedicándose a eso y que estaba genial, entre otras cosas, porque ser espía es cojonudo para ligar. No pude mas que darle otro achuchón y guiñarle el ojo para tranquilizarle y mostrarle que el secreto estaba bien guardado. Al final todo salió bien, y el compañero Nicolás puso el puñetero micrófono sin que nadie sospechara de el, eso si, a Gema, Graci, Pilar y a mi, las maletas “sospechosamente” nos desaparecieron en el aeropuerto de Frankfurt. No debería haberlo contado, pero es que si no lo cuento…reviento.
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