FIESTA INFANTIL
Las fiestas infantiles ya no son lo que eran por mucho que queramos. El mundo se ha vuelto loco, y los niños también. Ya no se bebe fanta naranja, ni se comen gusanitos, ahora todo es cerveza, cava y J&B con coca cola…y claro…luego pasa lo que pasa…que acaba todo el mundo hasta el culo y te partes la caja a reir.
Estuve invitado a una el sábado pasado y yo no recordaba pasármelo tan bien de pequeño…ejemm..aquí unas fotitos:
Y aquí una muestra de los videos:
El resto…..aquí
RELATO – LA PLAZA DEL PILAR
En la plaza del Pilar de Ciudad Real, los ancianos se van acomodando a lo largo de la mañana, esperando que algún acontecimiento especial les saque de esa rutina diaria que es dejar pasar la vida.
Anselmo y su grupo de compañeros, como cada mañana, se sientan en el banco que está al lado del reloj digital que permanece invariable en una esquina de la plaza. Su pantalla digital solo da las horas y los grados. Anselmo ya sabe que son exactamente cinco segundos los que tarda en cambiar del sistema horario al térmico. Es junio, el reloj marca las once y treinta y ocho minutos. A los cinco segundos exactos, marca treinta y dos grados centígrados.
A pesar de ser compañeros veteranos y que llevan años compartiendo el mismo banco de piedra, pueden pasarse mañanas enteras sin que ninguno de ellos intercambie ni una palabra. Hoy parece un día de esos. Cada uno parece enfrascado en íntimos pensamientos y no hacen caso de nada. Anselmo piensa en su juventud. En realidad, cuando se pone a pensar, no piensa, solo recuerda. Recuerda fragmentos, pasajes de su vida y los vuelve a rememorar. Eso le produce abatimiento, pues casi siempre encuentra alguna alternativa a una situación, o alguna solución de algún problema ocurrido que en aquel momento no se le ocurrió, o no tuvo la valentía suficiente de emprender.
Mientras se mantenía en esos devaneos habituales de su imaginación, levantó al vista y observó a su alrededor. De repente Blasa, su mujer, pasó a escasos metros de el acompañada de otro hombre sin percatarse de su presencia. Parecía alegre, la misma jovialidad que mostraba cuando iban juntos a dar un paseo los domingos, o a alguna verbena de barrio a bailar. Intentó llamarla, pero llevaba algo mas de una hora sentado sin abrir la boca y al intentar emitir un sonido, su garganta se bloqueó con una sequedad desagradable. Cuando tragó saliva, Blasa estaba entrando en una tienda de moda presa de unas carcajadas muy escandalosas debido a algún comentario jocoso de su acompañante. Pensó en el. A simple vista no le reconocía. Llevaba el pelo de punta y, unos vaqueros caídos que enseñaban parte de su calzón. Tal vez le conociera del curso de pintura que estaba impartiendo la asociación de vecinos, o quizá fuera uno de los ancianos que van a los cursos de baile de salón del centro de adultos, no obstante, pensó que había algo que no le cuadraba en su atuendo.
Anselmo optó por esperar a que salieran de la tienda. Mientras esperaba, se fijó en el escaparate, mostraba ropa vaquera, muy ceñida, con colores llamativos y con mensajes en inglés del tipo “I`m too sexy” o “Fuck the World” y cosas por el estilo que Anselmo, ni remotamente sabía que significaban. Del interior de la tienda la música salía despedida frenéticamente. Era un chunda chunda molesto y repetitivo, nada que ver con la música que verdaderamente gustaba tanto a Blasa como los pasodobles o las coplas. Mientras todo esto acontecía, en su mente una pregunta le asaltaba:¿Qué demonios hace Blasa?, ¿porqué se habrá metido en esa tienda? y la que mas perplejidad le producía…¿quien demonios era ese tipo?.
Al cabo de un rato por fin salió, pero lo que vio le estremeció en lo mas profundo de su alma. Al salir, Blasa, con su omoplato tatuado que por cierto ¿dónde y cuando se había hecho ese tatuaje?, se agarraba del brazo de aquel tipo de modo muy comprometedor. Seguía riendo cuando de pronto el muchacho se le acercó y la besó en los labios.
Todo esto me contó, doctor, cuando iba de camino al hospital en la ambulancia después de despertarse de su desmayo, y un poco antes de que volviera a repetirle, esta vez, de manera fulminante, el infarto cardiaco.
- - ¿No ha sobrevivido verdad?
- - No, enfermera. Habrá que buscar entre sus objetos personales para intentar localizar a algún pariente.
- - Yo me encargo – se ofreció
La enfermera extrajo todos los objetos personales de Anselmo que estaban en una bolsa de basura azul y los esparció sobre una cama. Entre la ropa encontró una cartera. En la cartera tenía un billete de cinco euros y una foto antigua en color sepia. En la foto se veía a dos chicos jóvenes sonrientes, muy guapos y morenos, y en su lateral una leyenda: “Blasa y Anselmo, verano de 1957. Verbena de la Talaverana”. Tras observar que no había nada mas de importancia, solo papeles, alguna factura y poca cosa mas, introdujo la mano en los bolsillos del pantalón. En el bolsillo izquierdo tenía una moneda de veinte céntimos, un paquete de tabaco con una par de cigarrillos de Celtas y un mechero. En el bolsillo derecho encontró una tarjeta plastificada y en ella se podía leer la siguiente advertencia.
SI ME ENCUENTRAN DESORIENTADO, ACERQUENME A LA RESIDENCIA DE ANCIANOS DEL PILAR. SOY ENFERMO DE ALZHEIMER.





