HACER EL AMOR
Después de hacer el amor, la habitación se envuelve del olor mágico que nos dá la vida.
Uno sabe que está vivo por algunos detalles. Nuestra mente capta a nuestro alrededor los mensajes que el entorno les ofrece, pero el único momento en el que el ser humano es realmente consciente de que está verdaderamente vivo, es cuando llega al orgasmo. Ni siquiera comer produce tanto placer. Solo el hecho de amar, de poseer a alguien, de morder, besar, chupar y penetrar logra lo que no consigue nuestra vista, tacto oído u olfato. Sentirnos vivos y formar parte de algo, al fin y al cabo, follar es tan natural como la supervivencia. La naturaleza es sabia, si no sintiéramos ese placer follando, no gastaríamos nuestras fuerzas en esa tarea y el ser humano desaparecería de la faz de la tierra.
Hasta hace poco no creía en la vida eterna. Ahora lo entiendo. Vive eternamente quien procrea porque por lo menos una célula suya, los genes, seguirán existiendo cuando muera. Y aunque estés bajo tierra o hecho cenizas, algo tuyo andará vivo por el mundo Por eso quiero tener un hijo. Para ser eterno.
Yo todavía no quiero morirme, por eso practico la inmortalidad todas las noches. Acabo exhausto, gasto el resto de energías que me quedan del día en esa tarea. En realidad, follando, también muere una parte de mí, lo que mi orgasmo produce. ¿Curioso no?, amar, además de dar vida, también es muerte.
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