AZUCARMODE

Historias y Relatos

HISTORIAS DE PIEDRABUENA – El saltamontes

Piedrabuena

Corría el año 1990. Por entonces, la cocaína no existía, o tal vez sí, pero seguro que no en las cantidades en las que se consume ahora ni mucho menos. Como mucho, la gente se fumaba algún porro de hachís, y el lujo de los que se ponían entonces, era conseguir polen. No tenía nada que ver con lo que hay ahora. Por entonces, en verano, la gente salía todas las noches, y aunque no se llenaba todo tanto como los viernes y los sábados, que era la rehostia, había gente en los sitios de lunes a jueves. Lo que mejor funcionaba eran la “J.L.”de Juanito y la Borrega o “Tengo que Pensarlo”. Entre ambas discotecas había un pique impresionante y de ello escribiré otro día. Lo que me ocupa hoy, fue lo que ocurrió en septiembre de 1990, concretamente el primer día de fiestas de ese año.

Todos esperábamos ese día expectantes. La calle Real se llenaba de puestecillos desde los jardincillos hasta casi llegar a la Iglesia. Por entonces no había puestos de moros, y los vendedores, eran como mucho gitanos. Como no había recinto ferial había pocas atracciones. La que nunca fallaba, eran los coches de choque. Recuerdo que mi abuela les decía a mis primas que no se acercaran, ya que los chavales que

Calle Real

Calle Real

trabajaban en esa atracción tenían fama de cabrones y corría el rumor  de que solían ventilarse a bastantes de las que se dejaban caer por allí. Yo nunca la entendí, lo que  veía cuando me acercaba, era a cuatro descamisados barbudos y sudorosos con cara de bandoleros. Con el tiempo, he descubierto que a la mayoría de las tías, lo que realmente les pone, son ese tipo de tíos, pero bueno, esa también es otra historia.

El caso es que esas fiestas tuvieron una novedad. De entre las atracciones que vinieron, hubo una que atrajo el interés de todos, “El Saltamontes”. El día que empezaron a montarlo, bajamos con las bicis y nos sentamos para contemplarlo, nunca antes había venido al pueblo algo así de espectacular, como mucho “El Látigo” y el “Coche de Papá”, ya ves, menudencias comparadas con lo que estábamos viendo. Lo instalaron en un lateral del cuartel de la Guardia Civil, concretamente en el que hay detrás del Pub América (otro expediente x del pueblo del que también escribiré otro día). Se tiraron todo el día montándolo y a eso de las siete de la tarde acabaron. Yo estaba con mi primo Dorote, Curro, Curini, Jorge y no sé si había alguien mas. El caso es que empezaron a probarlo. Yo y  mi primo ya lo habíamos visto en alguna ocasión e incluso montamos el él en las ferias de Alcazar de San Juan, que era donde yo vivía. Jorge también lo había visto en Torrejón, aunque nunca había subido en él. Con la perspectiva del tiempo, y con los avances que hay ahora, puede parecer una completa estupidez e incluso una atracción floja, pero nosotros tan solo teníamos 13 o 14 años y lo que veíamos era la repolla en verso.

"El Saltamontes"

"El Saltamontes"

Los chavales que la montaron observaron que la gente se arremolinaba alrededor de aquel aparato y que mirábamos con caras raras. Yo lo hacía divertido, pero sí recuerdo otras miradas de escepticismo, de asombro y algunas de miedo a mi alrededor. Entre la gente, se oían comentarios del tipo:

-         Eso no es seguro, me ha contado mi primo que se han matado ya varios ahí -

Y otras del tipo:

-         A mí no me mola eso, pero no es por miedo…, es que me aburre -

En esas estábamos, todos expectantes cuando aquello empezó a moverse solo y a soltar estallidos de luces. Lo estaban probando. Cuando las patas de aquel bicharraco soltaban aire comprimido lanzaban un ruido ensordecedor que asustó un poco mas a los chavales que no estaban convencidos de la historia esa. Al acabar la prueba, un hombre mayor, debía de ser el dueño, se acercó a nuestro grupo:

-         Venga chicos-soltó sonriendo- montaros que el primer viaje es gratis.

Mi primo y yo salimos corriendo y nos montamos en el primer asiento que encontramos libre. Al momento, cogimos la barra de hierro que servía de seguro y lo ajustamos a nuestro vientre. El sonido te encogía el estómago, cuando te lo ajustabas sonaba “clack-clack” y esa era la señal de que de ahí ya no te ibas a mover. Cuando ya  nos habíamos sentado y miramos a nuestro alrededor, la sorpresa fue mayúscula. De las nueve patas que tenía el bicho, al menos tres quedaban vacías, la gente no se atrevía a montar y os aseguro que allí había peña de sobra. Nosotros llamamos a algunos:

- ¡Vamos Pedro!…¡Sube!

Pero ni Pedro, ni Paco que andaba un poco mas para allá subieron, solo miraban con cara de decir: -a mi no me vengas con vainas que no me subo ni harto vino-

Cansado de esperar y un poco sorprendido -supongo- al final, el dueño hizo funcionar aquello. La gente lo vio y se convenció. Esa noche y los días siguientes “El Saltamontes” funcionó cojonudamente y fue un exitazo tremendo.

10 Septiembre, 2008 - Publicado por azucarmode | PERSONAL, RELATOS, piedrabuena | , , | 1 comentario

1 comentario »

  1. Sabes??, en ésta atracción nos subimos mi hermano, mi padre y yo en Inglaterra. Lo gracioso fue que mi padre al subirse fue a sacar la cartera, pagó al señor y en cuanto se estaba metiendo la cartera en le bolsillo trasero del pantalón el tío cerró la barra de hierro, dejando así a mi padre con el codo apuntando al cielo. Le empezó a dar caña a aquello, mi padre se reía, nosotros también pero por distintas cosas. Cuando paró, mi hermano y yo salimos medio mareados y mi padre con una costilla rota. Aún lo recordamos cuando nos juntamos los tres.
    Me alegro de que estés bien…pero intenta no olvidarte de la gente que te quiere, no hablo sólo por mi. Ciao

    Comentario por Bárbara | 11 Septiembre, 2008 | Responder


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