AZUCARMODE

Historias y Relatos

RELATO. EL DIARIO DE ALBA

 (INSPIRADO EN EL DIARIO DE NOA)

En cuanto te vi me enamoré de ti. Recuerdo como si fuera ayer aquel dia cuando salía del trabajo, acompañada de Prado, y te vi apoyado en la esquina de la Plaza Mayor. Me impactó lo moreno que estabas y tu aspecto. ¡Qué guapo eras! Me saludaste y me miraste con disimulo cuando me iba. Me tocó la lotería contigo aquel dia, cuando te acercaste al otro dia, a la hamburgueseria y me dijiste: “¿Quieres tomarte una copa conmigo?” Por supuesto que acepté enseguida y después me acompañaste a casa durante varias semanas, hasta que al final me declaraste tu amor.

Montamos nuestro negocio en nuestra ciudad y allí nacieron y crecieron los niños. Pero aquella felicidad cambió. Aquella mañana me levanté con el presagio de que algo malo ocurriría aunque no sabía qué. No es que crea demasiado en los presentimientos pero aquella mañana intuía que nuestra vida iba a dar un giro.

Sonó el despertador puntual y me levanté sobresaltada de la cama. La verdad es que apenas había dormido, las pesadillas me asaltaron durante la noche y me encontraba especialmente cansada. Preparé el desayuno para nosotros mientras los niños aún dormían.

 

-Hola cariño ¿qué tal has dormido?
-Fatal, no he pegado ojo en toda la noche.
-¿Por algo especial? ¿Te ocurre algo?
-te noté preocupado por mis palabras y tu expresión se volvió más seria que de costumbre.
-Nada, no es nada. Un mal sueño, no te preocupes.
-Voy al restaurante y al banco. Luego a las doce paso a buscarte y vamos a hacer las compras.
-Hasta luego -te di un beso rozando tus labios como siempre, pero esta vez más intenso que el de cualquier otro día.
-Hasta luego cariño.

Pasé la mañana dándole vueltas al sueño e intentando quitarle importancia. Mi amiga Amparo siempre decía que no hay que hacer caso a los sueños, que nunca aventuran un futuro, sino que se trata de escenas vividas o de algo que te preocupa. Llevé a los pequeños al colegio, desperté al mayor antes de que llegara tarde a la Universidad y esperé a que mi marido viniera a recogerme. Pero no vino.Esperé y me desesperé.

Al rato bajé al restaurante pero los camareros me dijeron que no le habían visto. Cogí un taxi y me acerqué al banco, por si acaso había decidido ir primero allí y se había entretenido. Por mi cabeza pasaron pensamientos negativos, imaginé que había tenido un accidente, o que estaría en el hospital, o que habría sufrido un infarto en plena calle y no me habían avisado…. mil cosas, mil temores, nada bueno. Llegué en diez minutos al banco y como éramos clientes habituales, me dirigí hacia la puerta del director y con voz sofocada le pregunté:

-¿Has visto a mi marido? ¿Ha venido por aquí?
-No -contestó-. ¿Qué ocurre Alba?

No llores mujer, cálmate y siéntate. ¡Luis, trae un vaso de agua, rápido!-gritó a su secretario-. Bebí dos sorbos, se mezclaban mis lágrimas con el agua del vaso y balbuceé como pude:
-No le encuentro. Ha salido de casa esta mañana y no ha vuelto a recogerme, no sé si le ha ocurrido algo.
-Tranquila Alba, seguro que se ha entretenido en algún sitio y le localizas enseguida.- Yo no sabía qué hacer, si irme a casa, al restaurante, buscarle en la calle…Volví a casa, dejando recado en el restaurante de que me avisaran de inmediato si sabían algo de el. Pero no hubo rastro. Llamé a hospitales, a sus amigos, a algunos clientes. No sabía dónde estaba ni en qué circunstancias. Cerraron la tienda y vinieron Prado y Toni, para quedarse con los niños, mientras Santi, mi cuñado, me acompañaba a la comisaría.
Se me hizo eterna la espera y me sorprendió la cantidad de gente que ponía denuncias… por robo, por peleas, por desaparición… Era un goteo constante. Yo estaba allí sentada, en un banco metálico de un cuartucho sin ventanas. La respiración se me hacía difícil y los nervios consumían la espera. Notaba mis manos temblorosas cuando abría el bolso y mis ojos estaban hinchados de tanto llorar. Santi me acompañaba con resignación e intentaba consolarme. Al cabo de un rato salió un policía y preguntó:

-¿Alguna de ustedes es Alba Garamo?.
-Sí, soy yo -dije temblorosa, apenas respondían mis piernas pero conseguí levantarme del banco y acercarme al policía.
-Pase señora. Siéntese. Han llamado de la comisaría de Puertollano porque han encontrado un coche rojo en una cuneta, con un hombre dentro, y en su documentación figura su dirección. Esta es su foto del carnet. ¿Es familiar suyo?
-Sí, es mi marido -dije sin fuerzas.

 

 

 

 

 

 

 
 

 

Es lo último que recuerdo. Cuando me desperté estaba tumbada en una camilla. Me dijeron que mi marido había tenido un accidente cerca de Puertollano, que un camión se había saltado un stop y le había arrollado, quitándole la vida.

Cincuenta años después, todavía recuerdo el impacto de las palabras del comisario. Han sido años de mucho trabajo, tirando sola del carro, los hijos han hecho su vida y como mis nueras trabajan y no quieren complicaciones, el año pasado decidieron meterme en una residencia de ancianos. Estoy mayor, setenta y nueve años, y para ellos soy una carga, un estorbo, así que no opuse resistencia y me resigné a mi reclusión, no quisiera ser una molestia para nadie. Dicen que tengo esa enfermedad, esa …,¿cómo se llama? Alzheimer! Eso es.
Pero ahí estás tú, Pepe. Mi amor de vejez. Estaba sola y olvidada, llena de dolor y llegaste como un rayito de luz invernal. Lleno de energía, ilusión y conversación. Tus ojos son vivos, cuando miras pareces un poco miope y te acercas mucho para verme la cara. Mis arrugas invaden mi rostro pero no te importa, te parezco guapa como soy.

No sé, el caso es que me parece recordarte de algo, pero esta cabeza…., me dices que me lo prometiste o no se qué, el caso es que me resultas familiar, y me das paz.”Alba, te voy a preparar un chocolatito con churros que te vas a chupar los dedos”, dices los domingos por la mañana. Y me lo preparas con dulzura, me lo traes a la cama, con tu andar torpe, tus zapatillas de cuadros grises que te regalé en Navidad y el tambaleo de la bandeja a punto de caer. Eres un poco torpe. Tu sonrisa es limpia, desdentada y sana. Tienes la mueca de un niño travieso que espera que le regañen. Tienes una boca grande, con los labios bastante gordos, que me hace cosquillas cuando me besas en la mejilla. Tu cuerpo es frágil, apenas tienes carnes que aguantar pero nos tenemos mutuamente. Si no fuera por tí habría dejado de existir hace tiempo. Veo el recorrido de mi vida y todo me parece triste. La vida es dura, ya me lo recordaba alguien, pero el trayecto es largo. No cambio por nada estos momentos contigo, Pepe. Estos momentos de reposo, de dicha, sosiego y felicidad que me das. Este amor viejo y pausado, fraternal y cariñoso que me llena de gozo el corazón y me permite respirar. Pepe, si nos morimos, que sea juntos.

Y Pepe al final logró cumplir su sueño.

 

 

 

 

 

21 Mayo, 2008 - Publicado por azucarmode | RELATOS | | 2 comentarios

2 comentarios »

  1. El mejor tipo de amor es aquel que despierta el alma, nos hace aspirar a mas, nos enciende el corazón y nos trae la paz a la mente. Eso es lo que me has dado y lo que yo te quería dar siempre. EL DIARIO DE NOA.

    Comentario por Silvia | 26 Mayo, 2008

  2. Simplemente precioso

    Comentario por Arnana | 7 Agosto, 2008

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