AZUCARMODE

Historias y Relatos

RELATO. LA MUJER INVISIBLE.

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Ella ya es mayor. Ha pasado ya de los sesenta años. Siempre camina por la calle cargada de bolsas. Todos los días, a las dos de la tarde, cuando salgo de trabajar la veo. Es siempre así. Día tras día durante estos tres ultimos años.

 

Debe trabajar en algún piso cercano, quizá trabaje limpiando, o cocinando en alguna casa de una señorona de esas que tanto abundan en Ciudad Real, mujeres mayores casadas con notarios, militares o jueces provenientes de un pasado caduco y rancio, esa clase privilegiada que vivía mirando a todo el mundo por encima del hombro. Sin embargo es raro. En ocasiones, cuando estoy en el Bar Agustín de la calle General Aguilera también la veo pasar, con sus bolsas y su ritmo vivo al caminar. Creo que también trabaja en algún comercio cercano, pero eso no podría asegurarlo.

 

Está casada. Su marido la recoge casi todos los días.El también es mayor, parece serio, pero siempre se le vé saludando a mucha gente. Todos los días deja el coche mal aparcado en la rotonda de la Escuela de Artes. Él la espera, y ella, día tras día a las dos y cinco llega, se suben al coche y se marchan.

 

No la he visto nunca sonreir. Cierto es que los que van por la vida todo el rato sonriendo es porque son auténticos imbéciles, pero es que ella nunca sonríe, tiene el gesto cansado y serio. Los ojos fijos al frente y mirando mas allá de la acera. Quien sabe, tal vez lo único que hace es pensar. O soñar.

 

Tal vez sueñe con otra niñez, otra adolescencia, otra madurez…otra vejez. Quizá piense en sus hijos o nietos (si los tiene). Alguna vez la ví con una chica y dos niños. Ellos reían y ella no cambiaba el gesto de su boca, era como si no se lo permitiese, aunque en esa ocasión sus ojos la delataban. En esos ojos si había sonrisa, eran ojos de carcajada. Esa tarde volví a casa contento.

 

Ya llevo tres días sin verla. Tampoco está el coche en la rotonda esperándola. Busco su figura inconfundible cuando ando para mi casa pero no la encuentro. Las mujeres que veo de su edad, no van con bolsas, ni llevan esos andares vivos. Casi nadie de esa edad se fija en los escaparates como se fijaba ella, como si quisiera comprar todas aquellas prendas para alguna ocasión especial.

 

Yo llevo tres días triste. Y llueve. Llevo tres días llamando a mi madre para preguntar cualquier cosa, solo para escuchar su voz. Llevo tres días mirando los periódicos locales, buscando en las necrológicas, pero claro, ahí no especifican el aspecto físico de la gente fallecida, solo los nombres y lo típico, “tus, hijos, hermanos….no te olvidan”…no sé que hacer. A mis compañeros de trabajo les he preguntado, pero ellos no la reconocen, no se han fijado en ella, tampoco el camarero del bar de la esquina, ni el ciego del quiosco de la once….¿porque será que en esta vida la gente verdaderamente importante es invisible al resto?.

 

Dentro de mi locura hoy me he acercado al cementerio y le he preguntado a un funcionario, pero el tampoco tenía ni idea. Es día de reyes y estoy solo así que, al salir, en vez de ir directamente a casa me he dado un paseo por la Ronda. A lo lejos me ha parecido verla y me he puesto a correr como un loco. Ella ha entrado en un portal y no me ha dado tiempo a alcanzarla. ¿Era ella?¿no era?, hubiera jurado reconocerla por su manera de andar, sin embargo, aún tengo mis dudas.

 

He encendido un cigarro y me he sentado en la acera de enfrente del portal. Al cabo de un rato me ha parecido ver al hombre que la solía recoger en coche acompañado de otro hombre (parecía ser su hijo) una mujer un niño y una niña. Al cabo de otro rato a ese mismo portal entraron un chaval joven, una chica y una pareja. Al cabo de otro rato entró un tipo gordo con pelo largo y barba….no sé parecía como si todos fueran al mismo lado por el tipo de sonrisa que llevaban. Era la misma. La de la ilusión.

 

La curiosidad me mataba así que después de comprar un fortuna en el Chino, que nunca cierra por supuesto, me senté otra vez, esta vez a esperar. Bajaron todos con bolsas, las mismas que ella llevaba todos los días pero esta vez llenas de regalos, bajó la niña, los jóvenes, un niño rubio y una chica que parecía ser su madre, la otra familia, y todos, absolutamente todos con caras empañadas en ilusión y en alegría. En felicidad. Luego bajó el gordo con barba y pelo largo, pero ese no debía ser de la familia porque llevaba cara de mustio.

 

Camino de mi casa lo comprendí todo. La felicidad mía y la de la mayoría de la gente la expresamos con gestos y muestras de cariño. En cambio, la gente realmente grande no necesita expresar en palabras lo que es o como se siente. Simplemente está ahí, está cuando las necesitas. Por eso no las vemos, porque siempre están a nuestro lado. La gente que es invisible es la que es verdaderamente importante.

23 Agosto, 2007 - Publicado por azucarmode | RELATOS | | 1 comentario

1 comentario »

  1. tienes mucha razón!, la gente que realmente importa no tiene que estar todo el día diciendo “que guapo estas!”, “que alto, que ojos mas bonitos”, todo eso es…fachada, interés por interés, para que tu tambien le digas lo maravillos@ que está, todo una basura!pero, asi de cínica es la gente. Aparte de que necesiten o no follar(que hay alguno que otro que le vendría de perlas), creo que eso es secundario, obligatorio sí, pero secundario. La gente no vive mas por follar mas…si no mira a los curas!(me refiero a los que sí hacen voto de castidad), todo el día meditando, sin hacer deporte, sin follar, sin que les coman los morros, sin que le coman la polla, sin comer coños…sólo comiendo comida buena y los hijoputas son los que mas viven…asi que …hazte cura!!, jajajajajajajajaajajajajajajaja. Un besazo nene

    Comentario por xulis82 | 23 Agosto, 2007 | Responder


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